Historia de la Persecución en Irán

La Fe bahá'í ha sido perseguida en Irán desde su fundación en 1844. Los primeros creyentes tuvieron que soportar las persecuciones de las autoridades religiosas del islam y de las sucesivas dinastías que gobernaron el país. Se estima que alrededor de 20.000 bahá'ís fueron ejecutados en el siglo XIX.

Padre e hijo (izquierda) encadenados después de ser arrestados junto a otros bahá'ís (1896). Ambos fueron posteriormente ejecutados.

Las persecuciones continuaron aunque en forma no tan extendida durante el siglo XX. En algunas ocasiones estas persecuciones fueron llevadas adelante por el clero o por autoridades regionales. Por ejemplo, en el año 1903 fueron asesinados 101 bahá'ís en la ciudad de Yazd.

Durante el período en que gobernó la dinastía Pahlavi (1929-1979) las autoridades nacionales llevaron adelante varias políticas contra los bahá'ís en diversas ocasiones. En el año 1933 la literatura bahá'í fue prohibida en el país, y se dejó de reconocer los matrimonios bahá'ís; varias escuelas bahá'ís fueron cerradas.

En el año 1955 otra oleada de persecuciones comenzó contra los bahá'ís, cuando el régimen Pahlavi comenzó a promover actividades contra los creyentes; una ola de violencia anti-bahá'í inundó el país, un templo fue demolido y a lo largo y ancho del país hubo un gran número de asesinatos, violaciones y robos.

Posteriormente, y desde el establecimiento de la República Islámica de Irán en 1979, el gobierno ha encabezado una campaña sistemática de persecución y opresión con el fin de aniquilar a la Comunidad Bahá'í.

Lamentablemente esta campaña incluyó de nuevo ejecuciones, arrestos injustificados, encarcelamientos, confiscación de propiedades, destrucción de lugares sagrados y cementerios arrasados.

Entre 1979 y 1998 más de 200 bahá'ís fueron asesinados o ejecutados, cientos fueron encarcelados injustamente, y miles fueron despedidos de sus empleos o vieron sus negocios cerrados.

La Casa del Báb en Shiráz, uno de los lugares más sagrados para los bahá'ís, siendo destruido por la Guardia Revolucionaria en 1979.

Mullá Falsafi supervisa a los trabajadores que destruyen la cúpula del Centro Nacional bahá’í, hecho ocurrido en 1955, en Teherán.

Después de que el Ayatollah Khomeini asumiera el gobierno y se redactara la nueva constitución de la república, varios derechos de las minorías cristianas, judías y zoroastrianas fueron mencionados y protegidos; sin embargo no fue incluido ningún derecho de los bahá'ís (la mayor minoría religiosa del país). Desde el punto de vista del gobierno iraní, los bahá'ís no tienen ninguna clase de derechos, y pueden ser atacados y perseguidos con total impunidad. Las cortes han negado a los bahá'ís cualquier derecho a protestar o reclamar frente a asaltos, asesinatos y otras formas de persecución; también han indicado que ningún ciudadano responsable de asesinar o robar a un bahá'í debe ser acusado ni juzgado, debido a que sus víctimas son infieles no amparados por la ley.

Por lo menos siete bahá'ís fueron ejecutados en 1979, veinticuatro en el año 1980, y en 1981 cuarenta y ocho bahá'ís fueron ejecutados o asesinados.

Muna Mahmudnizhad, de 17 años, una de las diez mujeres bahá’ís ejecutadas en Shiraz el 18 de junio de 1983, acusadas fundamentalmente de impartir clases infantiles bahá’ís.

Las ejecuciones continuaron ocurriendo de forma esporádica durante los años 1982, 1983 y 1984.

Así mismo, las torturas aplicadas a bahá'ís en prisiones iraníes, fueron rutinarias y sistemáticas. Las torturas llevadas adelante contra bahá'ís incluían golpizas y flagelaciones, bastinado (que consiste en dar golpes violentos a las plantas de los pies) y la extracción de uñas y dientes a las victimas.

También fueron objeto de torturas psicológicas que incluían el verse obligados a observar la ejecución de familiares y seres queridos.

Por otra parte la destrucción de lugares sagrados bahá'ís muestra de forma clara los extremos que está dispuesto a alcanzar el gobierno Iraní con el fin de sofocar a la comunidad bahá'í y erradicar su cultura.

En el año 2004 las autoridades demolieron la casa del padre de Bahá'u'lláh (fundador de la Fe bahá'í), lugar muy significativo para los bahá'ís, que además era considerada como una obra arquitectónica única de la época.

En ese mismo año las autoridades destruyeron la tumba de Quddús, una figura histórica de la Fe bahá'í.

La destrucción de estos dos lugares sagrados en el 2004, por supuesto, no son hechos aislados o sin precedentes. La casa del Báb (precursor de la Fe bahá'í), lugar más sagrado de la Fe bahá'í en Irán, fue completamente demolida poco tiempo después de haber ocurrido la revolución islámica. Otros lugares sagrados fueron también demolidos durante ese período.

La idea de que después de Muhammad (fundador del islam) puedan haber otros mensajeros de Dios es vista por muchos musulmanes como una herejía, y esta es una de las razones que motivan las persecuciones contra los bahá'ís en Irán.

Los bahá'ís entienden que estas persecuciones ocurren como resultado del miedo y la confusión que suele generarse cuando emerge una nueva religión que se diferencia de la ortodoxia establecida. Este patrón se ha repetido a los largo de las épocas; prácticamente todas las grandes religiones del mundo han enfrentado feroces persecuciones en sus primeras etapas.

En el caso de la Fe bahá'í, las enseñanzas de su fundador fueron vistas por la ortodoxia islámica como heréticas y contrarias a las enseñanzas del islam. Hay musulmanes fundamentalistas que ven algunas de las enseñanzas bahá'ís, por ejemplo la igualdad entre el hombre y la mujer, como principios opuestos a las tradiciones del islam.

Para las figuras principales del islam shií, así como también para la rama sunní, el nacimiento de una religión independiente trece siglos después del islam es aborrecible e intolerable, y además es considerada como una amenaza al poderío, la influencia política y los beneficios sociales de los cuales se benefician gracias a su posición; lo que trae como resultado su firme determinación por exterminar la nueva Fe y aniquilar a sus seguidores

Gracias al control ejercido por el clero islámico sobre los medios de comunicación, las enseñanzas y creencias bahá'ís son prácticamente desconocidas para el público iraní, el cual además ha sido sistemáticamente impulsado a odiarlas y temerlas.

A la comunidad bahá'í iraní se le ha negado el acceso a los medios masivos de comunicación, tales como radio, televisión, diarios, cine, distribución de literatura; lo cual ha traído como resultado la existencia de un prejuicio generalizado por parte de la población en general con respecto a la Fe bahá'í y sus enseñanzas.